El mercado inmobiliario de América Latina atraviesa una fase de transformación en 2025. En México, las inversiones previstas por 652 000 millones de pesos y la consolidación de nuevas zonas de desarrollo apuntan a un crecimiento cercano al 15 % anual. En la República Dominicana, el dinamismo del turismo y el interés de compradores extranjeros hacen que zonas como la costa norte registren aumentos de precio de dos dígitos. Este artículo repasa las principales tendencias, retos y oportunidades en ambos países.
Crecimiento en México impulsado por el nearshoring y los nuevos polos de desarrollo
La economía mexicana se mantiene estable, con un crecimiento del PIB proyectado en torno al 2,4 % y una inflación moderada cercana al 4,4 % en 2025. Aun así, el país se prepara para atraer inversiones inmobiliarias por unos 652 000 millones de pesos (más de 32 000 millones de dólares). La relocalización de empresas extranjeras (“nearshoring”) está generando una demanda sin precedentes de naves industriales y parques logísticos en estados como Nuevo León, Chihuahua y Baja California, mientras que ciudades intermedias como Querétaro, Mérida y León se posicionan como destinos preferidos gracias a su conectividad y a un urbanismo más ordenado.
El mercado presenta retos: más del 45 % de los trabajadores se encuentra en la informalidad, lo que limita su acceso al crédito hipotecario y fomenta esquemas de alquiler con opción a compra. La tasa de referencia del Banco de México se sitúa alrededor del 11 %, lo que encarece la financiación y reduce la viabilidad de proyectos altamente apalancados. Aun así, la demanda de vivienda urbana, infraestructuras industriales y espacios comerciales continúa fuerte gracias al bajo desempleo (2,9 %) y a los flujos de inversión extranjera.
En 2024 los precios de la vivienda con crédito hipotecario subieron un 8,5 % interanual; las viviendas nuevas aumentaron un 9,2 %, mientras que las usadas se encarecieron un 7,8 %. La firma IAD Overseas estima que la propiedad residencial alcanzará un valor de 14,51 millones de dólares al cierre de 2024 y que las inversiones en vivienda pasarán de 241 000 millones de pesos en 2024 a 364 000 millones en 2025. Con un alza prevista del 6,03 % en los precios, el gobierno mexicano planea construir un millón de nuevas viviendas para atender la demanda creciente.
Los precios también varían por tipo de inmueble. Un apartamento colonial de 60 m² cuesta alrededor de 4 millones de pesos en 2024 y podría subir a 4,24 millones en 2025, mientras que un penthouse de 100 m² supera los 12 millones de pesos. Estados como Baja California Sur, Quintana Roo y Puebla registraron incrementos de doble dígito en 2024, lo que demuestra una fuerte apreciación en las regiones turísticas y fronterizas.
Entre las tendencias que marcan el mercado mexicano se encuentran la construcción sostenible, los desarrollos de uso mixto y el crecimiento de los suburbios. Los desarrolladores integran criterios ESG y tecnologías verdes en sus proyectos, mientras que el uso de realidad virtual y análisis predictivo moderniza la comercialización. La expansión del segmento de lujo y la preferencia por viviendas verticales en zonas con buena conectividad son oportunidades para inversionistas en 2025.
Para quienes buscan oportunidades, la combinación de estabilidad macroeconómica y crecimiento industrial sugiere estrategias duales: aprovechar el auge manufacturero mediante inversiones en parques logísticos y, al mismo tiempo, diseñar productos residenciales flexibles dirigidos a la clase media emergente. Evaluar proyectos de preventa, explorar ciudades medianas y considerar desarrollos con criterios sostenibles puede ayudar a capturar valor en el largo plazo.
República Dominicana: auge turístico y fuertes rendimientos en el norte
En la costa norte dominicana, que se extiende desde Puerto Plata hasta Cabrera, las propiedades combinan un estilo de vida relajado con precios competitivos y un entorno seguro para extranjeros. El incremento de infraestructuras como carreteras, fibra óptica e instalaciones médicas está impulsando la zona. La demanda proviene de jubilados, nómadas digitales e inversionistas que buscan casas vacacionales y condominios con piscina y seguridad.
Aunque los precios están subiendo, siguen siendo asequibles frente a otros destinos caribeños. En Sosúa un apartamento de una habitación oscila entre US$ 95 000 y US$ 190 000; en Cabarete un condominio frente a la playa cuesta de US$ 200 000 a US$ 350 000; las villas de lujo en comunidades cerradas varían de US$ 250 000 a más de US$ 600 000; y el suelo en Río San Juan y Cabrera se sitúa entre US$ 15 y US$ 40 por metro cuadrado. Compras en preventa o fuera de plano pueden asegurar precios por debajo del mercado.
El mercado se orienta hacia comunidades cerradas y desarrollos sostenibles con seguridad 24/7, internet de fibra, paneles solares, piscinas y administración in situ. Las construcciones se aceleran en Cabarete, Sosúa y Río San Juan, con complejos de condominios, resorts y villas de lujo. Los rendimientos de alquiler son atractivos: Sosúa ofrece entre 6 % y 9 % anual, Cabarete entre 5 % y 8 % (más en temporada alta) y Las Terrenas y Río San Juan entre 5 % y 7 %.
Más allá del norte, la economía dominicana proyecta un crecimiento del 5 % en la actividad constructora en 2025. Tras un ajuste en 2024, se espera una recuperación sostenida gracias a la estabilidad macroeconómica, la inflación controlada y un mayor flujo de inversión extranjera. La demanda de compra y alquiler continuará en ascenso, impulsada por inversionistas nacionales e internacionales que buscan diversificar portafolios.
El turismo sigue siendo el motor: proyectos de gran escala como el Hyatt Zilara en Punta Bergantín, con más de 4 000 habitaciones, están expandiendo el mercado. Ciudades como Santo Domingo (especialmente Piantini, Naco y Los Cacicazgos), Punta Cana, La Romana y Santiago se consolidan como focos de inversión residencial y comercial, mientras San Cristóbal y Bonao destacan por sus aumentos en los precios de alquiler. La estabilidad política y los incentivos fiscales, junto con facilidades de financiación para compradores, fortalecen el atractivo del país.
Las estadísticas recientes muestran un aumento del 10,7 % interanual en el precio de los apartamentos, que alcanzaron en mayo de 2025 un promedio de 130 932 pesos dominicanos por metro cuadrado (unos 2 200 USD). Las casas unifamiliares subieron un 11,6 % hasta 104 612 DOP/m² (1 760 USD). Este repunte se explica por la fuerte demanda de compradores extranjeros, especialmente en zonas costeras como Punta Cana y Bávaro, donde las propiedades de 350 000 a 600 000 USD con potencial de alquiler son las más solicitadas.
La inversión extranjera directa ascendió a 4,5 mil millones de dólares en 2024, de los cuales 798 millones se destinaron al sector inmobiliario; Estados Unidos aportó el 27 % del total, seguido de Canadá y México. Las políticas fiscales ofrecen reducciones del 50 % en el impuesto a la propiedad y exenciones de dividendos e intereses, además de programas especiales para jubilados y beneficios de hasta diez años para desarrolladores. El turismo, con un récord de 8,5 millones de visitantes en 2024 y 4,37 millones de llegadas en los primeros cuatro meses de 2025, alimenta la demanda de alquileres a corto plazo y residencias vacacionales.
Los rendimientos son competitivos: en Santo Domingo los apartamentos de una habitación generan un rendimiento bruto del 7,3 % y los de dos habitaciones alcanzan el 7,9 %; en Punta Cana los rendimientos superan el 8 %. Después de impuestos y gastos, las rentabilidades netas se sitúan entre el 5 % y el 6 %, comparable a otros mercados latinoamericanos.
Conclusión: oportunidades y desafíos compartidos
Tanto México como República Dominicana ofrecen escenarios prometedores para los inversores en 2025. El primero capitaliza su estabilidad macroeconómica y el fenómeno del nearshoring para atraer capital a naves industriales, viviendas verticales y proyectos de uso mixto, aunque enfrenta retos de financiación y de acceso a la vivienda. El segundo se beneficia de un turismo en auge y de políticas favoEl mercado inmobiliario de América Latina atraviesa una fase de transformación en 2025. En México, las inversiones previstas por 652 000 millones de pesos y la consolidación de nuevas zonas de desarrollo apuntan a un crecimiento cercano al 15 % anual. En la República Dominicana, el dinamismo del turismo y el interés de compradores extranjeros hacen que zonas como la costa norte registren aumentos de precio de dos dígitos. Este artículo repasa las principales tendencias, retos y oportunidades en ambos países.
Crecimiento en México impulsado por el nearshoring y los nuevos polos de desarrollo
La economía mexicana se mantiene estable, con un crecimiento del PIB proyectado en torno al 2,4 % y una inflación moderada cercana al 4,4 % en 2025. Aun así, el país se prepara para atraer inversiones inmobiliarias por unos 652 000 millones de pesos (más de 32 000 millones de dólares). La relocalización de empresas extranjeras (“nearshoring”) está generando una demanda sin precedentes de naves industriales y parques logísticos en estados como Nuevo León, Chihuahua y Baja California, mientras que ciudades intermedias como Querétaro, Mérida y León se posicionan como destinos preferidos gracias a su conectividad y a un urbanismo más ordenado.
El mercado presenta retos: más del 45 % de los trabajadores se encuentra en la informalidad, lo que limita su acceso al crédito hipotecario y fomenta esquemas de alquiler con opción a compra. La tasa de referencia del Banco de México se sitúa alrededor del 11 %, lo que encarece la financiación y reduce la viabilidad de proyectos altamente apalancados. Aun así, la demanda de vivienda urbana, infraestructuras industriales y espacios comerciales continúa fuerte gracias al bajo desempleo (2,9 %) y a los flujos de inversión extranjera.
En 2024 los precios de la vivienda con crédito hipotecario subieron un 8,5 % interanual; las viviendas nuevas aumentaron un 9,2 %, mientras que las usadas se encarecieron un 7,8 %. La firma IAD Overseas estima que la propiedad residencial alcanzará un valor de 14,51 millones de dólares al cierre de 2024 y que las inversiones en vivienda pasarán de 241 000 millones de pesos en 2024 a 364 000 millones en 2025. Con un alza prevista del 6,03 % en los precios, el gobierno mexicano planea construir un millón de nuevas viviendas para atender la demanda creciente.
Los precios también varían por tipo de inmueble. Un apartamento colonial de 60 m² cuesta alrededor de 4 millones de pesos en 2024 y podría subir a 4,24 millones en 2025, mientras que un penthouse de 100 m² supera los 12 millones de pesos. Estados como Baja California Sur, Quintana Roo y Puebla registraron incrementos de doble dígito en 2024, lo que demuestra una fuerte apreciación en las regiones turísticas y fronterizas.
Entre las tendencias que marcan el mercado mexicano se encuentran la construcción sostenible, los desarrollos de uso mixto y el crecimiento de los suburbios. Los desarrolladores integran criterios ESG y tecnologías verdes en sus proyectos, mientras que el uso de realidad virtual y análisis predictivo moderniza la comercialización. La expansión del segmento de lujo y la preferencia por viviendas verticales en zonas con buena conectividad son oportunidades para inversionistas en 2025.
La clave estará en seleccionar mercados y segmentos con fundamentos sólidos: buscar oportunidades en estados mexicanos con crecimiento industrial y ciudades intermedias; apostar por comunidades cerradas, proyectos sostenibles y preventas en la costa norte dominicana; y considerar factores macroeconómicos como las tasas de interés y los costos de construcción. Con una visión a largo plazo y un análisis cuidadoso, 2025 puede ser un año de expansión para quienes apuesten por el sector inmobiliario en estas dos potencias latinoamericanas.

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