El año 2025 está marcado por importantes contrastes en los mercados inmobiliarios de México y la República Dominicana. Mientras el sector mexicano mantiene un ritmo de crecimiento moderado, impulsado por la edificación y ciertas zonas emergentes, el mercado dominicano atraviesa una etapa de ajuste y prudencia tras años de expansión. En ambas realidades se combinan factores económicos, demográficos y financieros que crean oportunidades y desafíos para compradores, inversionistas y desarrolladores.
México: crecimiento moderado con nuevos matices
En México, el PIB de la construcción creció alrededor de 2,7% en el primer semestre de 2025 gracias a que la edificación registró un aumento cercano al 6,9%, compensando la caída de más de 8% en la obra civil. Este comportamiento ha permitido que el mercado inmobiliario se mantenga activo, aunque ya no se observa el dinamismo explosivo de años anteriores.
El financiamiento también muestra señales mixtas. El número de hipotecas otorgadas aumentó en torno al 10% gracias a la reactivación de programas de vivienda social, mientras que la banca tradicional exhibe cierta contracción. La actividad se concentra principalmente en las tres principales zonas metropolitanas, donde la demanda sigue siendo fuerte y los desarrolladores continúan lanzando proyectos.
Sin embargo, el desbalance entre precios y salarios sigue siendo una preocupación. Entre 2016 y 2022 el precio de la vivienda subió más del 58% y las rentas se incrementaron cerca del 16%, mientras que los ingresos laborales crecieron apenas un 4%. Esto ha creado un entorno de sobrecosto habitacional que obliga a buscar soluciones creativas, como proyectos más compactos y esquemas de crédito accesible.
En términos de materiales, los precios de los derivados del acero que enfrentan los constructores están más influenciados por factores domésticos que por aranceles internacionales. Esta situación, junto con una inflación moderada, sugiere que los costos podrían estabilizarse a corto plazo. Asimismo, varias ciudades medias continún ganando protagonismo por su calidad de vida, infraestructura y potencial turístico, lo que atrae inversiones y diversifica las oportunidades.
República Dominicana: cautela y reacomodo
Al otro lado del Caribe, la República Dominicana vive un proceso de ajuste. Tras el boom experimentado entre 2018 y 2022, el sector inmobiliario dominicano ahora se mueve con más cautela. Los tiempos de preventa se alargan y los desarrolladores retrasan lanzamientos hasta asegurar un volumen elevado de ventas, buscando un nuevo equilibrio entre costos, precios y demanda.
Este frenazo responde a varios factores internos. Los costos de construcción han aumentado un 5,3% interanual al mes de mayo de 2025, debido al alza del cemento, el acero, los acabados y la mano de obra. En el segmento de gama media-alta, la oferta supera a la demanda y obliga a aplicar descuentos y financiamientos más flexibles.
El acceso al crédito se ha vuelto más exigente: las tasas hipotecarias promedio oscilan entre 11% y 12%, con ofertas puntuales tan bajas como 7,84% o tan altas como 15,95%. Esto limita el poder de compra y hace que muchos clientes posterguen sus decisiones. Para los dominicanos en el exterior, la situación es aún más desafiante debido a requisitos de documentación más estrictos y porcentajes de financiamiento más bajos.
Además, la economía global en 2025 se caracteriza por tasas altas en Estados Unidos, inflación y volatilidad en las remesas, lo que añade presión al mercado dominicano. La posible promulgación de una nueva ley de alquileres genera tanto expectativas como prudencia. Pese a estas dificultades, las zonas turísticas como Punta Cana siguen creciendo y atrayendo inversores que buscan rentas en proyectos turísticos.
Frente a este panorama, los especialistas recomiendan informarse, comparar precios, explorar alternativas de crédito como cooperativas o programas de vivienda, aprovechar la sobreoferta actual y fortalecer la capacidad de compra ahorrando y mejorando el historial crediticio. El mercado inmobiliario dominicano se caracteriza por su resiliencia y los periodos de ajuste suelen abrir oportunidades para quienes mantienen una visión de largo plazo. A nivel regional, 2025 no se perfila como un año de crisis sino como una etapa de reacomodo que permitirá sentar las bases para el próximo ciclo de expansión.

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